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El comecocos en la reinvención de Pac-Man que hace 'El nivel secreto'.
La animación en televisión (o en streaming) está viviendo una época de bonanza, especialmente en lo referido a la expansión de universos ya bien conocidos por los amantes de los videojuegos. Solamente en Netflix encontramos series de Castlevania, Cyberpunk 2077, League of Legends (la muy popular Arcane, quizás la mejor de todas por ahora), Tomb Raider y Dragon Age, entre otras, y también se ha vuelto un concepto bastante habitual optar por series animadas de antología que permitan mostrar diferentes estilos para contar historias variadas dentro de un mismo universo. Secret Level
Star Wars: Visions es un buen ejemplo de ello, y la N roja tiene otra de las más seguidas, Love, Death + Robots, una ficción futurista en la que, a veces, su animación hiperrealista recordaba, precisamente, a las secuencias cinemáticas de un videojuego.

Otra reinvención de un clásico: ‘Spelunky’.
Uno de los creadores de esa serie es Tim Miller, conocido por ser el director de la primera Deadpool y que, curiosamente, ha seguido después relacionado de alguna manera con adaptaciones de videojuegos de lo más variado, ya fuera como productor ejecutivo de Sonic: La película o Borderlands. Esas dos avenidas de su currículum cristalizan en esta El nivel secreto (Secret Level) de la que Prime Video estrena sus quince episodios en dos tandas, una de ocho y otra, de siete, y que no se fija en los juegos más famosos para extraer sus historias. O no solo en ellos. Hay algunos títulos que o se cancelaron al poco de salir o hace tanto que se publicaron, que están descatalogados, y Miller y sus colaboradores se han guiado más por aquellos juegos de los que sus estudios les daban permiso para adaptar o los que más les interesaban.
La relectura de ‘Pac-Man’ es realmente perturbadora. Se transforma en algo así como una prueba de supervivencia con un objetivo oculto.
Y como buena serie de antología, Secret Level es desigual. Sus capítulos son cortos, entre once y casi veinte minutos de duración, y a veces parecen las cinemáticas del juego montadas una detrás de otra, especialmente porque, siendo tan breves, los episodios tienen que ir al grano directamente. El de Dungeons and Dragons, por ejemplo, es directamente la preparación de la pelea contra el jefe final, pero otros se las apañan para extraer un sentido a juegos como Warhammer 40.000 y sus soldados casi indestructibles. ¿Cuál es ese sentido? Una dedicación total a la guerra por parte de guerreros agotados que no conocen otra cosa.
‘Secret Level’: Una serie no solo para fans
Estas primeras ocho historias destacan, en general, por tonos a veces sombríos y, en general, animaciones hiperrealistas. Sifu y su historia china de venganza es un cambio de estilo bastante bienvenido, y en cuanto al tono, el ligeramente paródico del rey pagado de sí mismo de New World (a quien pone voz Arnold Schwarzenegger) resulta refrescante.
Lo mejor que le puede pasar a Secret Level es que genere curiosidad por ver todos los capítulos, que si le damos la oportunidad a uno, lo hagamos con los demás.
Si se ven todos los episodios del tirón, puede ser un poco agotador encontrarse con historia tras historia construida sobre escenas de acción espectaculares, aunque hay alguna sorpresa. El FPS Crossfire se convierte en una tensa persecución entre mercenarios amorales, todos convencidos de que son los buenos, cuyos responsables parecen haber visto Heat varias veces, mientras la relectura de Pac-Man es realmente perturbadora. Se transforma en algo así como una prueba de supervivencia con un objetivo oculto de la que es mejor no añadir nada más. Al fin y al cabo, el leitmotiv del juego es comer o ser comido.

Imagen de ‘Secret Level’ adaptando ‘Armored Core’.
Por supuesto, los fans de los videojuegos van a encontrar mayor aliciente para ver la serie que quienes no lo sean, pero a cambio, los aficionados a la ciencia ficción y la acción también recibirán su dosis de rebeliones de máquinas (Unreal Tournament: Xan) y pilotos de robots mechas con la cara y la voz de Keanu Reeves (Armored Core: Asset Management).
De algunas de esas historias habría estado bien tener algo más de tiempo porque, en diez o quince minutos, se quedan cortas de todo lo que pretenden contar (la exploración del protagonista de Armored Core solo rasca la superficie), y para otras, esa duración es exactamente lo que necesitan. La ya mencionada Pac-Man: Circle funciona justo porque no llega a los veinte minutos.
Lo mejor que le puede pasar a Secret Level es que genere curiosidad por ver todos los capítulos, que si le damos la oportunidad a uno, lo hagamos con los demás. Su elección de, en general, no irse a por los títulos más famosos (los God of War, Splinter Cell o Diablo) juega a su favor porque, probablemente, resulta más sencillo encontrar un nuevo punto de vista sobre ellos, aparte de que algunos ya han tenido sus adaptaciones a la pantalla en acción real o están a punto de serlo.
Lo curioso es que, además, la serie incluye un episodio sobre un juego cancelado este mismo año apenas dos semanas después de su lanzamiento, Concord, y otro que es más un homenaje a aventuras míticas de PlayStation en lugar de una adaptación de un título concreto, titulado Playtime.

Keanu Reeves en el episodio dedicado a ‘Armored Core’.
La popularidad y la actualidad no son las únicas razones por las que se han elegido ciertos videojuegos porque, por ejemplo, de Unreal Tournament hace muchos años que no se publican nuevas versiones. Secret Level (El nivel secreto ) ha buscado una verdad emocional, un tema concreto que justifique que ese título se vea en televisión. Desde luego, el enfoque dado a Warhammer 40.000 da ciertas esperanzas de que la serie que la propia Prime Video está desarrollando, con Henry Cavill al frente, pueda triunfar allí donde la de Halo nunca logró encontrar su camino.
No es tan imaginativa en su animación como Arcane, pero sí deja claro el buen nivel que existe en la industria, capaz de hacer más cosas que las animaciones nostálgicas de los dibujos animados de los 80 a la hora de abordar historias de género.