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Richard Gadd, creador y protagonista de 'Mi reno de peluche'.
Siete capítulos le bastan al cómico Richard Gadd para expulsar los fantasmas que le han estado acorralando durante los últimos años. No es la primera vez que el artista escocés busca una especie de liberación en el relato autobiográfico. En 2016 y 2019, a través de sonados monólogos, habla a su público de los abusos sufridos en el pasado a manos de un guionista y del brutal acoso al que durante años se ha visto sometido por parte de una mujer perturbada. Mi reno de peluche
Mi reno de peluche es, en consecuencia, la traslación a imagen de estos hechos, un compendio de sus pesadillas más temidas en formato audiovisual, que supone una especie de exorcismo emocional para su creador.
Sent From My Iphone Mi reno de peluche
Capítulo tras capítulo, esta ficción basada en su propia y terrorífica experiencia, explica la historia de Donny Dunn, un joven aspirante a cómico que ve cómo su vida cambia radicalmente al convertirse en el objetivo de una acosadora llamada Martha, a la que conoce en el bar donde trabaja de camarero. La mujer, que ronda los cuarenta y tiene un aspecto descuidado, entra, en el primer capítulo al bar sollozando, y genera la compasión de un protagonista que, enseguida, le ofrece una taza de té. A partir de aquí se establece entre ambos una relación cómplice que pronto se trunca a causa de las actitudes intrusivas de ella.
En ‘Mi reno de peluche’ el acoso es sólo un detonante que activa el relato para poder hablar de otras cuestiones
Narrada en primera persona, la trama se desarrolla en un gran flashback que aloja, a su vez, otros saltos temporales para poder establecer una cronología de los hechos. El ritmo dinámico, el uso de la voz en off constante y del gran angular en la composición de los planos, al igual que los injertos de mensajes reales enviados desde el teléfono de la acosadora, provocan que la rara tensión y la incomodidad iniciales se transformen en una pura desesperación. Mi reno de peluche

Richard Gadd recrea sus propias experiencias a través del personaje de Donny Dunnn.
I Started a Joke Mi reno de peluche
El acorralamiento al que es sometido el protagonista por parte de una mujer mentalmente perturbada es el elemento troncal de Mi reno de peluche. No obstante, el acoso es sólo un detonante que activa el relato para poder hablar de otras cuestiones. A medida que avanza la trama, la presión de las distintas situaciones va en aumento, preparándonos para alcanzar el cénit en el cuarto capítulo, en el que se nos desvela el porqué de todos los traumas de Donny.
La crudeza visual y la arrolladora sinceridad a la hora de abordar temáticas que pueden concluir en puntos de vista contradictorios eleva la serie a un nivel superlativo
Los abusos sexuales y la posterior violación de la que es víctima por parte de un guionista, que años antes le promete ayuda en su carrera, da sentido a su comportamiento poco contundente en el caso del acoso de Martha. La dependencia emocional, la necesidad de aceptación, la erótica del poder y la mirada exterior se hacen presentes en un joven ilusionado por conseguir el éxito. Sin embargo, el no sentenciar los hechos con la firmeza esperada, genera en él un modus operandi que le repercute directamente. Aquí está la explicación del profundo odio a sí mismo: su castigo como víctima. ¿Por qué denunciar a su acosadora y no a su violador?
La crudeza visual y la arrolladora sinceridad a la hora de abordar temáticas complejas que pueden concluir en puntos de vista hasta contradictorios, aportando más incertidumbres que certezas, eleva la serie a un nivel superlativo. El creador se interroga sin caer en clichés ni resoluciones predecibles, desechando el resultado de blancos y negros, aceptando la multitud de matices. En otras producciones, la relación buenos-malos sería completamente diferente, con un desenlace más claro y rotundo.

‘Mi reno de peluche’ está disponible en Netflix.
Nosotras, en cambio, llegamos al capítulo final situadas en la misma posición que él, empatizando de alguna forma con ella, y, luego, frente a la puerta del miserable guionista en busca de una especie de indemnización a cambio de tanto sufrimiento. Una vez más, el juego que nos propone a modo de respuesta frente a la atrocidad se hace presente. Y no para defender lo indefendible (la condena está bien clara), sino para mostrar las mil y una aristas de los personajes y sus miradas interiores, en una extensión fiel de un estado de las cosas mucho más embrollado que la división en dos bandos.
Con el siguiente capítulo, el quinto, aparece la confesión. El protagonista, abatido por su enésimo fracaso emocional, se sumerge en un túnel del terror. La única salida es soltar todo el lastre interno. La secuencia, perfectamente organizada, acompaña su inmersión psíquica con la imagen de su arqueada figura deambulando por un pasillo dominado por un tono rojo intenso. La liberación surge con la palabra, y con ella el rechazo pero también la comprensión. Por fin la persona pública se encuentra con la real.
Con asombro observamos que la serie va, en definitiva, de cómo queremos que los demás nos miren, de la imagen que creemos proyectar
Mi dulce reno
El personaje y su creador, ambos artistas, dejan de moverse entre las apariencias. Aceptan el viaje interior, su reflejo en el espejo, y obtienen a cambio la paz y el amor de su entorno. El final llega y es todo menos acomodaticio. Observamos que la obsesión ya es cosa de dos, y la toxicidad de la dependencia va en ambas direcciones. Empero, hay un hueco para la ternura, acaso minúsculo pero suficiente. En el triste y emotivo recuerdo de la niñez de Martha, que explicaría el título, estos seres rotos se encuentran. Él la necesita porque lo mira cómo le gustaría ser visto. Ambos dependen de la existencia del otro para sobrevivir. Por eso, en numerosas ocasiones, Donny declina la opción lógica de la denuncia.

Jessica Gunning, brillante en el papel de Martha Scott en ‘Mi reno de peluche’.
Con asombro observamos que Mi reno de peluche va, en definitiva, de cómo queremos que los demás nos miren, de la imagen que creemos proyectar. Siempre ha estado frente a nosotros, en la propia naturaleza de la serie. En una cabriola narrativa estupenda. Richard Gadd trabaja alrededor de la exploración de quién es y de la imagen que quiere transmitir. Para ello escribe y protagoniza una serie en la que nos narra su relato.
Todo está condicionado por su mirada. Controla la exposición de su figura, y, en realidad, con su voz, con la imagen, nos dice, o al menos lo intenta, qué debemos sentir en cada momento, en un ejercicio de evocación subjetiva de la imagen increíble. El relato es completamente individual e intrínseco. Por tanto, si una de sus máximas es la necesidad de la aceptación, ¿es cierto todo lo que vemos?, ¿hemos sido manipulados?, ¿cómo lo podemos saber? La ausencia de respuestas es emocionante.