'La canción': la chica yeyé, Uaiominí y los Roper en El Pardo
Crítica de la serie

‘La canción’: la chica yeyé, Uaiominí y los Roper en El Pardo

12 mayo 2025
Luminosa fábula yeyé con espíritu de 'Cine de Barrio', quizás menos feroz a la hora de retratar las sombras del Desarrollismo, Alejandro Marín presenta su nuevo trabajo tras el éxito de 'Te estoy amando locamente'. La historia tras el 'La, la, la' de Massiel es, también, la peripecia de dos personajes que tratan de hacer realidad un sueño de Franco.

Cartel promocional de 'La Canción'.

“No nos quieren, Carmen, no nos quieren”, dice el Generalísimo ante el televisor, hundido en el sofá, sentado junto a su señora la Collares. ¿Se han mudado Los Roper al Palacio de El Pardo? ¿Pepa y Avelino han aprendido a modular la voz? “No nos quieren, Carmen”: la favorita Inglaterra, Uaiominí para los eurovisivos de postín, va por delante en el recuento de votos con su Congratulations, antes de que alemanes y yugoslavos hagan realidad el sorpasso. “No lo pudimos lograr ni enviando a Raphael”, había apuntado meses antes el Caudillo, cuando activó el plan Eurovisión durante una de esas cacerías en las que no daba pie con bola. Mucho se ha escrito sobre su nula puntería, y sobre esas perdices previamente liquidadas, antes de que sus disparos se perdieran en el cielo. Siempre se le dio mejor matar a seres humanos.

A ‘La Canción’ quizás le hubiera venido bien alguna que otra dentellada más afilada en el relato que contar

La viñeta a lo Matrimoniadas, completada con Franco en batín tarareando el La, la, la en plena actuación de Massiel, provoca una sonrisa que rápidamente activa el ceño fruncido, menuda mueca antinatura, ante la peligrosa duda de si no estaremos convirtiendo a un dictador asesino en Pepe Isbert o en Paco Martínez Soria. Ojo, que estas líneas en absoluto insinúan voluntad alguna de blanquear nada ni a nadie, ni en esta escena en particular ni en ninguna otra. Pero sí señalan que a La Canción quizás le hubiera venido bien alguna que otra dentellada más afilada en el relato que contar.

La Canción

‘La Canción’ está disponible en Movistar Plus +.

Y es que la entrañable sombra de Cine de barrio es alargada en el acercamiento a la intrahistoria de aquella germinal Operación Triunfo que llevó a España, y a un tema mediocre con estribillo pegadizo, a ganar Eurovisión por primera vez en su historia. Y última, nunca jamás de nuevo, al menos en solitario, porque Salomé sí repitió al año siguiente con Vivo cantando, pero ex aequo. Los Goya no inventaron nada. La cuestión es que, aquí, lo afectuoso, lo tierno, lo cariñoso, siempre pesa más que lo crítico. Como si, de alguna manera, los responsables de La Canción tuvieran un pie en 1968, poseídos por el espíritu de la época y por las películas del Desarrollismo.

‘La Canción’ viene firmada por Alejandro Marín, el director de ‘Te estoy amando locamente’ o de ‘Maricón perdido’, y su sello se nota

Y no es que no se ponga contexto acusador, ahí está el peso en la narración de las asambleas y revueltas estudiantiles que anunciaban tiempos de cambio en el horizonte, mientras nuestro fascismo simulaba un aperturismo, un donde dije digo digo Diego, más falso que un duro sevillano. España es un país moderno, se dice en los pasillos de los ministerios mientras siguen soltando a sus perros de presa vestidos de gris, porra en mano. Ahí está también la inclusión, un tanto forzada eso sí, de una subtrama LGTBIQ+ con la que recordar la tremenda represión del Régimen respecto a quienes soñaban con vivir sus afectos en libertad. Al fin y al cabo, La Canción viene firmada por Alejandro Marín, el director de Te estoy amando locamente o de Maricón perdido, y su sello se nota.

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Carolina Yuste es Massiel en ‘La Canción’.

A pesar de esas denuncias, se echa de menos una mirada más ferozmente profunda a aspectos clave que sí se señalan pero poco más a lo largo de sus tres episodios, como el conflicto ético de dos antifascistas, Joan Manuel Serrat y Massiel, a la hora de prestar su imagen para legitimar una dictadura criminal. O como la equidistancia lingüística, que a veces se diría todavía por solventar, que el Noi del Poble-sec ha tenido históricamente, tal y como se encargan de recordar los intertítulos finales (“fue abucheado por cantar en catalán fuera de Cataluña y por cantar en castellano dentro”).

La serie da por hecha la versión que explica su renuncia a participar en Eurovisión por un compromiso moral con su idioma paterno sumado a las presiones y amenazas recibidas desde determinados sectores del catalanismo, aunque años después hubiera quien afirmara que se retiró del concurso tras recibir una compensación económica. Vaya usted a saber, y poco nos importa, más allá de lo interesante que hubiera supuesto aprovechar la coyuntura seriéfila para no tratar el asunto idiomático como un capricho de minorías. Quina temptació, la d’escriure aquest article en català!

Criado y Brendemühl, son el alma de ‘La Canción’, aunque la campaña promocional de la serie dé a entender que las estrellas de la función son Massiel y «la infiltrada» Carolina Yuste

En cualquier caso, la apuesta de La Canción es otra, quizás más conciliadora, que no está el horno para bollos ni el fuego como para echar leña, que eso ya lo hacen los fachas todo el rato. Y es absolutamente innegable que la serie encuentra un simpatiquísimo camino por recorrer en una ligereza de tono hermanada a Chencho y su gran familia, o a Sor Citroên y a las suecas de López Vázquez, o a Conchita, a Tony y a las chicas ye yé. En la ligereza pero también en la ternura marinera (de Marín) de la ya citada Te estoy amando locamente.

La Canción

Marcel Borrás es Joan Manuel Serrat en ‘La Canción’.

Así las cosas, La Canción sigue las peripecias y los vaivenes de dos personajes: uno, ficticio, es un joven funcionario de Televisión Española enchufado por Fraga, ansioso por promocionarse y que ve una ventana de oportunidad en el Festival. El otro, real, es el prestigioso director artístico vienés Artur Kaps, al que le toca tirar de contactos para levantar una candidatura seria en cuatro meses. Al primero le encarna un más que resultón Patrick Criado. Y al segundo, gran responsable de internacionalizar Televisión Española, le da vida un divertidísimo Alex Brendemühl. Vista a cuentagotas (a bote pronto, en las Historias para no contar de Cesc Gay, por ejemplo), la vis cómica del siempre sólido actor barcelonés encuentra vía libre cuando recrea el castellano macarrónico con el que se expresaba Kaps. Brende lo borda.

El magnífico pulso narrativo de Alejandro Marín, y la experiencia de los creadores Pepe Coira y Fran Araújo, consiguen que los tres capítulos de esta miniserie pasen como una exhalación

Ambos, Criado y Brendemühl, son el alma de La Canción, aunque la campaña promocional de la serie dé a entender que las estrellas de la función son Massiel (aka la tanqueta de Leganitos) y la infiltrada Carolina Yuste. Aunque también es verdad que donde se ponga la Yuste, que se quiten todas las demás: actriz superlativa, qué carisma el suyo, no aparece hasta que la serie llega a su ecuador, y a partir de ahí, como la mejor guest star posible, concentra toda nuestra atención. Construye e imita, ni una cosa ni la otra o las dos al mismo tiempo. Y hasta presta su voz al momento La, la, la. ¡La Yuste sí es una tanqueta!

Sea como sea, y con (o pese a) todo lo razonado, el magnífico pulso narrativo de Alejandro Marín, y la experiencia de los creadores Pepe Coira y Fran Araújo, consiguen que los tres capítulos de esta miniserie pasen como una exhalación, que el espectador apenas borre la sonrisa de la cara, que participe de la fiesta y, sí, se pase tres días tarareando a todas horas el La, la, la de marras.

La Canción

Patrick Criado y Alex Brendemühl son el alma de ‘La Canción’.

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