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El director y guionista Phillip Barantini, responsable de la película y de la serie 'Boiling Point'.
La fiebre por la gastronomía y las cocinas parece haberse apoderado de nuestros televisiones y pantallas. Desde la multiplicación de programas culinarios –más bien reality shows donde prima el morbo, a menos que veas la excelente programación de Canal Cocina– al estrellato de algunos chefs mediáticos, la cocina está más presente que nunca en el audiovisual. Si, al igual que un servidor, sois foodies y el algoritmo de youtube os atiborra de shorts sobre recetas brutales y útiles hacks de cocina, sabéis de lo que hablo. Boiling Point
Y si sois fans de un super éxito como es The Bear, quizás hayáis oído hablar de un excelente film de 2021, nominado a cuatro premios BAFTA en su día, titulado Boiling Point, o en su versión en español Hierve. Protagonizada por Stephen Graham, se trata de una producción independiente que condensa en 95 minutos rodados en un solo plano-secuencia la odisea de autodestrucción de un chef en crisis en pleno servicio de un restaurante de categoría en Londres. Una cinta frenética e impactante con un nervio narrativo que no te deja indiferente.
Escrita y dirigida por Philip Barantini, un antiguo chef reconvertido en cineasta, Hierve estaba basada en un cortometraje del mismo realizador y tres años después de su estreno, vuelve a cobrar vida en forma de serie. Un trayecto vital y audiovisual de los más curioso que nos lleva hasta el estreno el día 3 de julio de la serie Boiling Point en Movistar Plus+.
‘Boiling Point’: la vida entre fogones
Boiling Point (la serie) arranca con el mismo ritmo frenético que lo hacía su predecesora. Situándonos en la locura de una cocina profesional en pleno servicio. A continuación, sin embargo, y a lo largo de los cuatro capítulos que conforman la miniserie, vamos siendo testigos de la vida más allá de la cocina del férreo grupo de protagonistas. Personas todas ellas de distintas procedencias que comparten un diminuto espacio donde deben crear platos que superen la excelencia.
El microcosmos que suponía la cocina del film se expande ahora en una serie que es muy consciente de lo que tiene entre manos: personajes potentes y un espacio ideal para el drama. A partir de ahí, Boiling Point se nos presenta como una astuta narración que nos habla de las dificultades que nos va poniendo la vida. Y de cómo somos capaces, o no, de superar esos impedimentos que nos encontramos, ya sean externos o internos. Y sobre todo, nos habla de la necesidad que tenemos como seres humanos de contar los unos con los otros, por mucho que no nos guste asumirlo.

Una escena de la serie ‘Boiling Point’ | Imagen: Movistar Plus +.
Quienes se acerquen a la nueva serie de Movistar Plus+ seguro que se quedarán atrapados hasta el final de los cuatro capítulos. Del mismo modo que sucedía con la película original. Si os interesa el mundo gastronómico, la serie os situará en ese no-lugar tan especial entre lo zen y lo caótico que tiene todo acto creativo, más aún el colectivo. Pero seguro, os quedaréis por los personajes y lo que estos nos dicen sobre ellos mismos y, en el fondo, nosotros mismos.
De todo ello hemos podido hablar con Philip Barantini, director y guionista de la película original así como co-creador junto a James Cummings de la serie. Barantini ha dirigido los dos primeros episodios y nos atendió en pleno rodaje de su nuevo proyecto en esta conversación que os reproducimos a continuación:
Boiling Point ha protagonizado una evolución muy interesante: Primero fue un cortometraje, luego una película (estrenada como Hierve en 2021) y ahora se transforma en serie de cuatro episodios. Cuéntanos el porqué detrás de esta evolución. ¿Sentiste que tenías que hacer una serie o fue una propuesta la que te convenció?
Bueno, todo empezó con la idea original que era hacer el cortometraje. Y el cortometraje, de hecho, siempre fue concebido como una especie de “prueba de concepto”, una pieza para potencialmente realizar un largometraje. Mi objetivo inicial siempre fue el de conseguir un agente (risas), porque era necesario para poder trabajar en el mundo del cine. Para conseguirlo me puse a realizar un par de cortometrajes, siendo Boiling Point uno de ellos, con la suerte de que luego fue un éxito relativo. Le gustó a un montón de gente y de ahí, empezamos a hablar de cómo podríamos convertirlo en un largometraje. Finalmente pudimos estrenar el film en 2021 y tuvo muy buena recepción. La verdad es que nos sorprendió mucho el éxito que tuvimos porque lo hicimos sin apenas dinero. Fue un proyecto pasional y todos estábamos bastante abrumados por el éxito de la película.
«Una cocina es como un microcosmos de un montón de diferentes individuos juntos con diferentes orígenes»
Y entonces casualmente, en una conversación, con una ejecutiva de la BBC, que nada tenía que ver con la película, más o menos me dijo: “¿Alguna vez has pensado en convertir esto en una en una serie?”. Y yo, honestamente, nunca me lo había planteado. Yo venía de trabajar durante unos 12 años en cocinas profesionales antes de ser director. Era actor y como fuente de ingresos empecé en la hostelería. Vas acumulando anécdotas, experiencias e historias, por lo que la idea de una serie no me pareció descabellada y me atrajo mucho.
Todas esas historias que vas acumulando no las pude poner todas en la película así que cuando me lo propuso, pensé: “»Bien, ahora podremos explorar más a estos personajes. Ahora podemos irnos con otros personajes y podemos pasar más tiempo con ellos y llegar a conocerlos a nivel personal”. Así que fue muy emocionante, realmente, cuando la BBC se acercó a mí, me lo propuso y me mandaron escribir el guion del episodio piloto y seguir a partir de ahí. Todo sucedió muy, muy, rápido después de eso. Así que, sí, fue realmente un proceso muy orgánico.
No puede haber un momento mejor para la relación entre el audiovisual y la gastronomía. Desde documentales espectaculares, a programas de televisión o series de renombre como The Bear. Quería saber, conociendo especialmente tus antecedentes en el sector culinario, según tu, ¿Qué es lo que hace tan atractivo, narrativa y visualmente hablando, al mundo de la cocina?
Si me permites la broma, es una olla a presión llena de todo tipo de alimentos. –o melting pot en su expresión original–. En este caso, un crisol de diferentes personalidades y diferentes vidas mezcladas. Una cocina es como un microcosmos de un montón de diferentes individuos juntos con diferentes orígenes. Tienes gente que sólo está de paso, como los camareros y camareras. Generalmente no suele ser una carrera para ellos, sino que lo hacen como algo transitorio mientras estudian o lo que sea. Y luego están los chefs, que para ellos sí que se trata de su carrera, o de su vocación. Y todos ellos están obligados a pasar muchas horas juntos. Boiling Point.
Es una combinación de gente que, por lo general, no estarían necesariamente juntos. Nunca pasarían el rato juntos si dependiera de ellos. Así que casi te encuentras con estas personas que se ven obligadas a estar juntas en un espacio reducido. Algunas de ellas se llevan muy bien y otras no se llevan nada bien. Pero se ven obligadas a estar juntas y a trabajar juntas, por lo que se genera “un buen caldo” para el drama.
En general, por culpa de los horarios, si trabajas en hostelería, pasas más tiempo con tus compañeros de trabajo que con tu propia familia, terminas tarde y luego tomas una copa después del trabajo. Sin darte cuenta, ese grupo se convierte en tu familia, tu hombro sobre el que llorar o la persona a la que atacar si no te llevas bien o no estás bien. Se genera un ambiente casi como de patio de colegio.
Vinette Robinson es Carly en ‘Boiling Point’ | Imagen: Movistar Plus +.
Por lo que dices, la películas o series podrían ser un buen sustituto de las películas bélicas.
Exacto. Es como si se está desarrollando un género propio en los últimos años. Obviamente, The Bear es un ejemplo muy exitoso y potente. Pero sin duda hay espacio para otras series sobre cocina porque es algo muy diferente en cada país, región o incluso ciudad, ¿sabes?. La cocina se basa un poco en las mismas reglas en todos lados. Pero luego cambian las formas de hacer las cosas, las diferentes culturas gastronómicas, los distintos orígenes, los sabores distintos, etc. Todo eso se acumula y se multiplica hasta convertirse, como digo, en casi un género por sí mismo.
«Una de las primeras cosas que la BBC sugirió fue hacer la serie en una sola toma […] pero eventualmente nos pareció que nos limitaba si lo que queríamos era, precisamente, expandir la historia»
Tras ver la serie y el film, uno se queda con la sensación de que la película giraba en torno a un chef, un tipo llamado Andy (Stephen Gragham) que está muy jodido. En cambio, ahora, quienes están jodidos son todos los miembros del equipo, toda la cocina. Como si de alguna forma eso se hubiera extendido. Lo bonito y complicado a la vez es que al mismo tiempo, toda esta gente que está jodida tan solo se tienen los unos a los otros. Gente jodida que necesita a gente jodida. ¿Tanto destruye una cocina?
Tienes toda la razón. De hecho, como me gusta decir, si hubiera una segunda temporada nos podríamos permitir incorporar personajes que no estuvieran tan jodidos (risas). Pero ya sabemos que para crear drama eso es algo imprescindible. Realmente, en muchos de los lugares en los que trabajé como chef, ya sabes, todo el mundo tenía sus problemas, nadie era perfecto pero normalmente las personas se lo guardan, se lo ocultan a la gente. Pero como espectadores, vemos lo que esconden cómo, por ejemplo, con el personaje de Emily, y su alcoholismo.
Todo el mundo pasa por algo en la vida y en este sentido, una cocina puede llegar a ser un un reflejo bastante fiel de la vida, en realidad. Nadie es perfecto y todo el mundo tiene algo con lo que lidiar, por grande o pequeño que sea, así que sí, Boiling Point fue sin duda un reflejo de la gente con la que he trabajado y la verdad sobre lo que supone ser adulto y las cosas con las que nos enfrentamos a diario. Y eso da para crear un buen drama.

El primer capítulo de ‘Boiling Point’ ya está disponible en Movistar Plus +
Quería hablar también del trabajo de cámara porque, obviamente, la película fue famosa por estar rodada en un solo plano-secuencia, quizás para poner un cierto orden en el caos de la cocina. Pero luego, la serie renuncia totalmente a este recurso, excepto en la escena de apertura y pasa a estar rodada con cámara en mano y editada con muchos cortes. Se trataba de esparcir el caos entre todos los personajes, quizás? ¿Cual ha sido la idea o la intención como director de filmar así la serie a diferencia de la película?
Una de las primeras cosas que la BBC sugirió fue hacer toda la serie en una sola toma. Y esa fue la idea inicial del concepto de la serie. Pero eventualmente nos pareció que nos limitaba espacialmente si lo que queríamos era, precisamente expandir la historia. Teníamos claro que queríamos vincular la película a la serie de una manera casi sin fisuras. Por eso decidimos hacer un plano-secuencia de 11 minutos al principio de la serie, para prepararla, introducirnos de nuevo en este mundo, conocer a los viejos personajes, conocer a los nuevos, y luego, una vez que aparecen los créditos, una vez que aparece el título, es cuando entramos en nuestro nuevo mundo, en nuestra nueva Boiling Point.
Ahora estamos en un nuevo restaurante y hay (o intenta haber) un nuevo estilo de trabajo. Todavía quería que fuera bastante frenético, especialmente cuando estamos dentro de la cocina. Quise rodar ese ambiente de trabajo con cámara en mano. Y luego, cuando entramos en el restaurante, en el comedor, es todo un poco más estable a nivel visual. Se transmite mucha más sensación de control en ese espacio, a pesar de que no sea necesariamente así en realidad. Esa era la intención: tratar de vincular esos dos mundos. Hacemos uso de otras tomas más largas dentro de la serie, pero no tan largas como los 11 minutos iniciales. Pero sí, lo que yo buscaba era unir, de alguna forma, la película con la serie. Para así dar paso luego a una nueva fase del viaje, entrando en otro mundo.
«Para mi un set de rodaje es una colaboración entre todos, me gusta que sea el rol que sea que tengas, en el plató todo el mundo se sienta tan importante o implicado como el director, el productor o quien sea»
Y haciendo referencia al título, ¿cuál es tu punto de ebullición?
Bueno, te digo algo, una de las cosas que me sacan de quicio aunque realmente no he llegado aún a un punto de ebullición fuerte, es la gente que llega tarde. Odio a la gente que llega tarde (risas). Mi lema es que si no llegas pronto, llegas tarde (risas). Pero es interesante porque de hecho, pese a los trabajos estresantes que he hecho en el pasado o de tratar más de una vez el tema del estrés en el trabajo, no suelo ser alguien que se estresa demasiado. Boiling Point.
Suelo estar bastante calmado en el set e intento tener un trato tranquilo con los actores y el equipo. Y creo además que cuando estás haciendo un drama sobre el estrés, como es Boiling Point, si estás estresado en el set, eso solo va a hacer que todos los demás estén estresados. Así que debes tratar de controlar ese ambiente. Así que no me suelo quemar en este sentido, nunca llego a hervir tanto, soy más de fuego lento (risas). Quiero decir, creo que mis puntos de ebullición, no tienden a conseguir eso.

Philip Barantini en el set de ‘Boiling Point’.
Exacto, siempre a favor del fuego lento y el slow cooking. Tengo la impresión que una cocina profesional y un set de rodaje son ambientes algo similares. ¿Qué crees que deberían aprender las cocinas del ambiente de un rodaje y viceversa?
Es una muy buena pregunta porque, de hecho, creo que en las cocinas pueden aprender a delegar el trabajo en gente especializada en un aspecto concreto, como sucede en un rodaje con el director de fotografía, por ejemplo, Puedes delegar en las personas que tienen las habilidades para hacer ciertas cosas y dejar que lo hagan. Muchas cocinas tienden a tener la jerarquía del jefe de cocina, que es casi como un dictador en cierto modo, a veces. Y eso puede convertir el lugar de trabajo en algo bastante tóxico a veces en las cocinas, no siempre por suerte, pero suele ocurrir.
Y en cuanto a qué podrían aprender los rodajes de una cocina, es muy difícil. Tal vez, se podría mejorar en la idea de estar todos “en la misma página”; el hecho de tener una idea muy conjuntada de que es aquello que se está creando. Siempre trato de crear un ambiente familiar en el set, intentar estar todos a bordo y en la misma dirección. Para mí un set de rodaje es una colaboración entre todos, me gusta que sea el rol que sea que tengas, en el plató todo el mundo se siente tan importante o implicado como el director, el productor o quien sea.
Todo el mundo está aquí para hacer algo especial. Y creo que esto lo aprendí durante los más de diez años que estuve en una cocina, dos de ellos siendo jefe de cocina. Trabajé con algunos jefes de cocina que eran gente realmente horrible para trabajar, eran realmente desagradables o abusivos. Boilling Point
No lo eran necesariamente conmigo, pero yo veía y observaba la forma en que trabajaban. Siempre me dije a mí mismo que si alguna vez me convertía en jefe de cocina, nunca trataría a mi personal de esa manera por la forma en que hacía sentir a la gente. Y te aseguro que no sacas lo mejor de la gente en ese sentido, ¿sabes? Así que finalmente, he intentado traer esa idea a mi actual oficio como director de cine. Si le das a la gente el poder de hacer su trabajo, como ellos quieren, podrán sentir que pueden acercarse a mí y decir: “escucha, tengo esta idea o aquella otra ¿Qué te parece?”. Y poder tener una relación colaborativa fluida, o lo que sea. Ahí creo que sí que hay similitudes, sí.
Ya para ir terminando, el final de la serie creo que abre la puerta para seguir con una segunda temporada. Te deja con ganas de más, quizás viendo más del personaje de Stephen Grahan. Pregunta obligada: ¿Qué puedes decirnos de una eventual segunda temporada?
Bueno, todavía estamos averiguando si queremos otra temporada. Ciertamente me encantaría hacer más temporadas pero aún lo estamos tratando de averiguar y dándole vueltas a las ideas. Quién sabe, veremos. Boiling Point.