Elías León Siminiani, sobre ‘El circo de los muchachos’
Estreno en Prime Video

Elías León Siminiani, sobre ‘El circo de los muchachos’: “Este tipo de proyectos son más necesarios que nunca”

21 noviembre 2024
Del true crime serio, como ‘800 metros’ o ‘El caso Asunta’, a la crónica popular y colorista (circense, dirían) de una utopía ambigua, regentada por niños, que arrancó en pleno franquismo y duró casi medio siglo. No, yo tampoco conocía el tema de la última investigación de Elías León Siminiani, ‘El circo de los muchachos’. Hablamos con él, en el pasado Festival de Sevilla.

Una imagen de 'El circo de los muchachos' docuserie que llega a Prime Video el 22 de noviembre.

En 1956, el padre Jesús Silva, conocido como “el Cura”, funda junto a quince chicos La Ciudad de los Muchachos, un pueblo autogobernado para criaturas sin recursos en Benposta, una finca en los arrabales de Ourense. Es, según Elías León Siminiani, “la última de las utopías que ha sucedido en el suelo español. Creo que estamos en un tiempo en el que este tipo de proyectos y de mensajes, como el que transmitía en su época buena, es más necesario que nunca”. Espera que en una plataforma con la popularidad de Prime Video  esta historia pueda divulgarse especialmente bien, que sirva “como inspiración”. El circo de los muchachos

Elías León Siminiani: “El cura fue siempre muy consciente de la importancia de la imagen. Creo que hoy hubiera sido un influencer bestial”.

“Es cierto que tiene un auge y una caída, luces y sombras, pero yo me quedo con todo lo que hay de aprendizaje” detrás de esta nación de muchachos —así la apodaban—, un microsistema con moneda, pasaporte e incluso aduana propia, gobernada por niños, y con el beneplácito del gobierno e iglesia franquistas, donde en plena dictadura tenían procesos democráticos para elegir a sus alcaldes. Cuando pasamos por una crisis de imaginación como la contemporánea, dice el realizador y coguionista junto a Pepe Coira (Hierro), vale la pena fijarnos en “historias como estas, que no pueden ser más analógicas”. Pueden “aportar”, explica, “a pesar de tener un pico y un valle y acabar muy mal, tienen un núcleo muy interesante”.

  • Tráiler de ‘El circo de los muchachos’:

Con el paso del tiempo, Benposta se convirtió en una ciudad impregnada de arte, educación e ilusión y Silva fundó ‘El Circo de los Muchachos’, un fascinante espectáculo que recorrió el mundo impresionando al público con sus dotes circenses, llegando incluso a triunfar en el Grand Palais de París y el Madison Square Garden de Nueva York. Para Elías León Siminiani, esta gira tuvo elementos pioneros y precursores: “El cura fue siempre muy consciente de la importancia de la imagen. Creo que hoy hubiera sido un influencer bestial”.

¿Cómo? ¿Este cura gallego? “El tipo ya tenía la idea del selfie, hacía como protoselfies, y consideraba que el circo que viajó por todo el mundo era la punta de lanza de su proyecto educativo y utópico. Entonces, él montaba una pirámide de arlequines que él hacía delante de todos los monumentos, en una imagen que compactaba la idea de su proyecto. Esa trupe tenía un lema, que es ‘los fuertes abajo, los débiles en medio, el niño en la cumbre’, como para encumbrar al niño y su ausencia de prejuicios a la hora de imaginar el mundo”.

La Ciudad de los Muchachos acabó como el Rosario de la Aurora y ha sido completamente sepultada por la historia.

Este circo llevaba la reivindicación de los ideales de su pueblo-base, pero en modo viral: “Si el tipo hubiera nacido 30 años después sería un megainfluencer. Y es muy curioso, porque hacían estas postales y luego las iban pegando en un álbum que servía para vender el circo. El cura iba a los empresarios de alrededor del mundo y les decía: ‘Mira, hemos estado en Nueva York, en París, en Bruselas, en Caracas’. Hacía de porfolio”.

La Ciudad de los Muchachos atrajo la atención de sociólogos, pedagogos y expertos en arte de todo el mundo. Sin embargo, con el tiempo, fue salpicada por conflictos políticos externos e internos, teniéndose que enfrentar a polémicas y rebeliones que llevaron la gestión megalómana del padre Silva al declive. El primer conflicto, las condiciones de trabajo de las criaturas en el circo, increíbles desde una perspectiva actual. El segundo, la distinción entre merecedores de viajar y ser reconocidos mundialmente en el circo, y quienes tenían que quedarse entre los muros de Benposta.

El circo de los muchachos

El circo en una de esas postales desde Nueva York.

Son dos roces sólo, dentro de un largo historial de desigualdades y violencia. Lo veréis en la serie, La Ciudad de los Muchachos acabó como el Rosario de la Aurora y ha sido completamente sepultada por la historia: “Primero, la casa madre de Benposta-Ourense tuvo un final muy decadente, con mucho conflicto y, en definitiva, las cosas que acaban tan mal se sepultan. Y dos, porque la ideología que había detrás está completamente en contra del espíritu de los tiempos hoy”. Explica Elías León Siminiani que “toda la ideología que tiene que ver con la izquierda revolucionaria del siglo XX”, desgraciadamente, “ahora mismo no tiene mayor cabida dentro del mundo poscapitalista en el que vivimos”.

Claro está que el “endiosado” padre Silva encarna los males de los grandes proyectos políticos del siglo pasado.

“[Lo que] tiene que ver, por un lado, con el empoderamiento del niño y, por otro, con la construcción de un mundo mejor, más igualitario y más justo, que es un discurso básicamente de izquierdas”, en un universo que ya no puede soñar en un mañana mejor, nos suena ya a naíf. Pero esta no es una utopía en futuro, sino una sociedad que pudo sostenerse durante la época más oscura de nuestra historia: “Al principio, el cura era un ‘cura rojo’, como los curas rojos presos por el franquismo en Zamora, aunque paradójicamente fue una persona que supo cómo templar bien las gaitas y, aunque hizo una república de niños independientes en una ciudad de provincias, el tipo no tuvo problemas”.

El circo de los muchachos

El Padre Silva, rodeado de sus muchachos en un fotograma de ‘El circo de los muchachos’.

Claro está que el “endiosado” padre Silva encarna los males de los grandes proyectos políticos del siglo pasado. “En realidad es un poco el problema que han tenido muchos de los grandes líderes de la izquierda revolucionaria del siglo XX, que todos han devenido al final dictadores, ¿no?”, aunque puntualiza, “También pasa en la derecha, pero a la derecha no se le supone ese valor o esa preocupación por la justicia”.

Benposta echa aguas muy rápido, en gran parte por “la no adaptación al cambio de los tiempos por parte del proyecto original. El cura comienza dando una salida al mundo a niños del rural gallego, en pleno franquismo, niños que no tienen ningún horizonte más que irse con las vacas. Cuando llega la transición, ese perfil de niños ya está atendido, pero él no quiere cambiar. Él sigue haciendo lo mismo hasta el momento en que, a falta de niños así, empieza a ‘importar’ niños del tercer mundo”. Quiero decir…

Sin embargo, sólo comprobar que ese momento pudo existir y tantear sus grietas con datos, tranquilidad y algo de humor, ya parece suficiente para creer un rato más en una alternativa en presente. En fin, ¿podemos ir imaginando ya una “Ciudad de les chiques”? El circo de los muchachos

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