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Kevin Bacon protagoniza 'The Bondsman' (Prime Video).
Quizás los más viejos del lugar recordéis Temblores (1990), aquel disfrutón homenaje a la serie B de los años 50 en el que Kevin Bacon y el añorado Fred Ward trataban de acabar con unos gigantescos híbridos de gusano y serpiente que sobrevivían bajo la arena del desierto de Nevada y que sacaban la cabeza de vez en cuando para destripar humanos. Dirigida por Ron Underwood, la película fue un fracaso en las salas, pero lo petó en los videoclubs y, muchos años después, estuvo a punto de tener un spin-off serielizado con el propio Bacon regresando al personaje, aunque ni Amazon, primero, ni Syfy, después, decidieron apostar por el proyecto, pese a haberse filmado un episodio piloto.
Quizás compensando aquel «no», Amazon Prime acaba de estrenar The Bondsman, con Bacon como cabeza de cartel y que, de algún modo, recoge mucho del espíritu y el tono de Temblores. Icono generacional desde los tiempos de Footloose (1984), el actor no ha perdido un ápice de atractivo pese a lo irregular de su larguísima carrera. Pocos tipos más cool que él hay en Hollywood. En realidad, pocas parejas como la que forma con Kyra Sedwig, su esposa desde hace 30 y tantos años, son más cools en Hollywood, solo hay que ver sus cuentas en Instagram y Tiktok.
‘The Bondsman’ apuesta por la serie B, también en unos efectos visuales no demasiado sofisticados, y por estirar su high concept
Con 66 años cumplidos y sobrado de carisma, su envidiable forma sugiere un pacto con el Diablo similar al de su personaje en The Bondsman. Puede que Kevin Bacon no haya pasado por el Infierno, a diferencia de lo que ocurre en su nueva serie, pero está claro que algo misterioso flota en el ambiente, vista la infinita energía que es capaz de volcar en esta gamberra mezcla de géneros, a ratos comedia disparatada, a ratos terror gore, siempre puro divertimento.

Kevin Bacon se transforma en un cazademonios en ‘The Bondsman’.
Con el sello Blumhouse en la producción, The Bondsman apuesta por la serie B, también en unos efectos visuales no demasiado sofisticados, y por estirar su high concept: un cazarrecompensas es degollado (no os alarméis, ocurre en el tercer minuto del primer episodio) y enviado de cabeza a los dominios de Lucifer, que decide hacerle regresar a la vida siempre y cuando acepte el encargo de reconducir su talento como perseguidor de delincuentes en busca y captura y lo dedique a cazar demonios que han escapado del averno.
Así las cosas, nuestro hombre resucita y vende su alma a la empresa La Olla de Oro, que, como si de una estafa piramidal se tratara, mantiene una estructura de trabajadores desesperados que captan a otros trabajadores desesperados para acabar sirviendo al Diablo. Y, mientras intenta cumplir con su nuevo cometido, buscando redimirse de algunos pecadillos que no contaremos aquí, y tratando de evitar un, quizás inevitable, regreso al Infierno, Hub debe lidiar con sus propios demonios y con una vida familiar patas arriba.
No hay duda de que Bacon se lo pasa en grande con este personaje, y traslada su diversión a un espectador entregado desde el minuto uno
Su ex sale ahora con el fulano que, vaya por Dios, ha pagado para que le corten el cuello. Y su hijo adolescente está más distanciado de él que nunca. Con su propia madre (enorme Beth Grant) como socia y ayudante en su misión antidivina, el protagonista dispara, arranca cabezas con una motosierra, se pelea en el fondo de una piscina, sufre torturas a martillazos y fuma más que Eduard Fernández, pero también toca la guitarra e interpreta un par de temas country junto a la cantante y ganadora del Grammy Jennifer Nettles, que interpreta al amor de su vida y madre de su hijo. Juntos, curiosamente, han sacado el disco Hell and Back, con los temas que han compuesto para la serie.

‘The Bondsman’ está disponible en Prime Video.
A The Bondsman le va como anillo al dedo que vaya al grano, con episodios que no llegan a la media hora, y que siguen una cierta estructura más o menos fija: una muerte y una posesión diabólica al principio de cada capítulo, un fax con las coordenadas que llevan a Hub tras los pasos de su objetivo, un sacrificio humano, una canción country y un puñado de chistes (alguno tan genial como el momento en el que, ante un contratiempo inesperado, recomiendan al protagonista una llamada de ayuda al teléfono de atención al cliente: “¿un 1-900 a 10 dólares el minuto? Ni hablar”, responde Hub… “¿Qué esperabas? Estás llamando al Infierno”). Y un complot demoníaco que nuestro protagonista y su equipo deben evitar a toda costa y que atraviesa las ocho entregas de esta primera temporada (deberíamos tener una segunda, eso es así).
No hay duda de que Bacon se lo pasa en grande con este personaje, y traslada su diversión a un espectador entregado desde el minuto uno. The Bondsman nunca se toma en serio, es ligera, disparatada, disfrutona, macarra y pasada de rosca cuando toca, siempre voluntariamente intrascendente, en todo momento autoconsciente. ¿Irregular? Afirmativo. ¿Redonda? Para nada. ¿Le importa a alguien? En absoluto. Hemos venido a jugar, y para eso, Kevin Bacon es un jefe.