'La agencia’: juego de espías, juego de espejos | Crítica
Crítica de la serie

‘La agencia’ (SkyShowtime): juego de espías, juego de espejos

14 febrero 2025
'La agencia', de reciente estreno en SkyShowtime, es un thriller de espionaje con identidad líquida, atmósfera setentera y una cuidada estética de la hipervigilancia con sobrias actuaciones de Michael Fassbender, Jeffrey Wright, Richard Gere o Katerine Waterston.
La agencia

Michael Fassbender lidera el reparto de 'La agencia', remake de la francesa 'Oficina de infiltrados'.

En psicología, el juego de espejos se utiliza para que un paciente tome conciencia de la percepción que tiene de sí mismo. En los primeros compases de La agencia (The Agency), el director Joe Wright, encargado de fijar la impronta visual de esta nueva versión de la, por otra parte, magnífica Oficina de infiltrados (Eric Rochant, 2015-2020) que han desarrollado los hermanos y guionistas Jez y John Henry Butterworth, se sirve en numerosas ocasiones de los espejos o, en su defecto, de superficies reflectantes para mostrarnos la(s) otra(s) cara(s) de Brandon Martian (Michael Fassbender).

Martian es un espía estadounidense radicado en la oficina londinense de la CIA que acaba de ser devuelto, de manera repentina, a su despacho tras pasarse seis años infiltrado en Etiopía, donde operaba como falso profesor bajo el nombre de Paul Lewis. En una historia en la que el concepto de identidad líquida es crucial, la percepción que Martian tiene de sí mismo será un factor clave a la hora de desentrañar los enigmas que se esconden detrás de una trama plagada de agentes dobles, verdades a medias y traiciones ilimitadas. Porque Martian, encarnado por un Fassbender pluscuamperfecto en un registro similar al que ya bordaba en El asesino (David Fincher, 2023), es alguien muy difícil de descifrar; alguien que, a fuerza de ocultarse y de mentir a los demás, termina siendo un misterio incluso para sí mismo.

La agencia

Los primeros episodios de ‘La agencia’ ya están disponibles en SkyShowtime.

Expliquémonos con un ejemplo. Martian ha regresado a Londres y se ha reinstalado en su apartamento, ha recuperado la relación hasta ese momento en stand by que mantenía con su hija y trata de incorporarse a sus nuevas tareas mientras, por seguridad, es vigilado muy de cerca por sus superiores. Un atentado en Sudán hará que Martian tema por la seguridad de su ex pareja, Samia Zahir (Jodie Turner-Smith), con la que se suponía que había roto toda comunicación.

Vayamos al momento en el que, a espaldas de sus responsables, retoma el contacto con ella. Tras hacerse con un móvil de prepago, en el baño de su amplio y minimalista apartamento, Martian la llamará para saber si está bien. Joe Wright filmará al espía de frente, dándole la espalda al espejo del cuarto de aseo.

Cuando Martian se presente como Paul Lewis, el nombre por el que Samia lo conoce, un movimiento suyo lo situará ahora frente al espejo, de manera que lo que veamos sea el reflejo de su rostro, gesto inequívoco para designar la escisión psicológica de alguien que, la mayor parte del tiempo, no es él mismo sino un reflejo deformado de sí mismo. En el tercer episodio, cuando la ‘otra’ personalidad de Martian necesite aflorar para advertir a su hija, que acaba de descubrir a qué se dedica ‘de verdad’ su padre, se rodará otra vez de manera indirecta, esto es, como reflejo, utilizando el mismo espejo del baño.

En ‘La agencia’ prima una gratificante contención que también se da a nivel interpretativo, tal y como demuestran las sobrias actuaciones de Jeffrey Wright, Richard Gere o Katherine Waterston

Ese tipo de reflexiones especulares que Wright, primero, y el resto de directores, después, utilizan con mucho criterio, juegan con los desdoblamientos de una personalidad que siempre es susceptible de multiplicarse a voluntad. Ese tipo de planificación es, incluso, susceptible de asociarse al concepto de bilocación, pues nuestro espía es Brandon Martian en Londres y Paul Lewis en Etiopía, y muchos otros nombres distintos en otros tantos lugares del mundo, de manera simultánea.

En ese sentido, resulta significativa la entrevista que Martian mantiene con la doctora Blake (Harriet Sansom Harris), la psicóloga asignada para que supervise su regreso y garantice su estabilidad mental a fin de que pueda cumplir con las tareas que se le han encargado. No solo el cristal de la sala de interrogatorios remitirá a las múltiples personalidades que el paciente es capaz de asumir en esa primera charla, sino que un elocuente movimiento de cámara, que incorpora uno de los varios saltos de eje que se incluyen en la secuencia, marcará el momento en el que la doctora quiebra la coraza emocional de un impertérrito Martian, justo cuando le menciona a su hija.

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El agente Brandon Martian (Michael Fassbender) reconectando con su hija.

En ese punto, Martian se pone a la ofensiva y, justo cuando retoma el control de la sesión, habrá otro salto de eje. Un toma y daca en el que el domino de la conversación es oscilante, la planificación y el montaje también lo serán, al tiempo que asistiremos a una demostración del talento camaleónico de Martian, capaz de adaptarse a cualquier situación.

Por lo demás, los modos de La agencia remiten a un modelo de thriller más propio de los años 70 que de la actualidad, no solo por los tonos acerados de su fotografía o por la sequedad de su montaje, especialmente visible en las (contadas) secuencias de violencia, sino sobre todo por renunciar a la velocidad en favor de un tono más pausado, verbigracia la secuencia en la que Martian revisa los micrófonos que le han instalado en su piso. Digamos que aquí prima una gratificante contención que también se da a nivel interpretativo, tal y como demuestran las sobrias actuaciones de Jeffrey Wright, Richard Gere o Katerine Waterston.

Brandon Martian: Un marciano en la CIA

De la figura de este protagonista hierático emanan los tres hilos narrativos que, en líneas generales, se corresponden con los que Rochant desplegase en el original francés, solo que aquí cambian las localizaciones y los conflictos. Por un lado, Martian deberá encargarse de la operación de rescate de un operativo perdido en Bielorrusia y poseedor de información comprometedora a propósito de otros agentes, siempre con la guerra de Ucrania como telón de fondo.

El segundo vector dramático lo constituye el proceso de formación de Daniela ‘Danny’ Acosta (Saura Lightfoot-Leon), a quien Martian impartirá sus primeras lecciones antes de que se infiltre en el programa nuclear de Irán haciéndose pasar por ayudante de un experto sismólogo que trabaja en Londres y que debe desplazarse a su país de origen para proseguir con sus investigaciones. 

Y el tercer puntal narrativo tiene que ver, ya lo hemos dicho, con Samia Zahir, ex pareja de Martian en Etiopía con la que que se encuentra de manera totalmente imprevista en la capital británica, pues ejerce como secreta mediadora de un proceso de paz que debe calmar el agitado Sudán, una pacificación tutelada por el gobierno chino a fin de garantizarse el control tácito de una zona estratégica, un movimiento que nada interesa a los Estados Unidos.

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Michael Fassbender y Jodie Turner-Smith en un fotograma de ‘La agencia’.

En esta partida de billar geopolítico a tres bandas la pátina estética que Joe Wrigt imprime en los dos primeros episodios y a la que se adaptan Philip Martin, Zetna Fuentes, Grant Heslov y Neil Burguer, asume una aura de fría sofisticación tan alejada de la serie original como en perfecta consonancia tanto con su protagonista y como con el mundo que retrata. La agencia. 

Así, un llamativo zoom out empequeñecerá la figura de Martian en el balcón de su apartamento, justo después de que haya descubierto que su casa está repleta de dispositivos de escucha. Esa estampa en la que la soledad y el desamparo rodean a alguien que apenas se tiene a sí mismo, un tipo instalado en la desconfianza permanente, se convertirá en una de las marcas de estilo de La agencia (The Agency).

‘La agencia’ no se limita a reproducir el argumento de ‘Oficina de Infiltrados’

También llama poderosamente la atención la recurrencia de tomas externas, así como el ya mencionado uso del zoom, como si todos los intervinientes estuviesen sometidos a un estrecho seguimiento que adopta la estética de la hipervigilancia. Esa suma de decisiones visuales  incrementan la sensación de paranoia, más aún cuando la combinación de esa mirada exógena se combina con la mediación de superficies reflectantes, los cuerpos encerrados en cárceles traslucidas, casi peceras para humanos, con las imágenes superponiéndose en un abigarramiento que nos impide conocer la verdad que se esconde tras ellas. 

Jeffrey Wright y Richard Gere en 'La agencia'.

Jeffrey Wright y Richard Gere grandes aciertos del reparto de ‘La agencia’.

La multiplicación de pantallas (monitores, televisiones, drones, webcams, ordenadores, circuitos cerrados de televisión) como síntoma de un mundo en supervisión permanente en el que, sin embargo, cada vez es más difícil distinguir la realidad del simulacro, algo que también se puede aplicar al propio Martian, ficción constante de sí mismo. En ese sentido, el uso de la voice over del protagonista –¡qué importante es saber desde dónde se nos cuenta la historia!– se aleja de toda redundancia: sus monólogos son tan esclarecedores como una intervención de Villarejo en comisión parlamentaria.

La agencia no se limita a reproducir el argumento de Oficina de Infiltrados, y es, antes que cualquier otra cosa, la traslación en imágenes de un pormenorizado estudio de personaje(s) y de una serie de conceptos (seguridad, vigilancia, paranoia) cuya vigencia está fuera de toda duda.

En una palabra: serión.

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