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La imagen que cierra el primer episodio de Asura, el más reciente trabajo del cineasta Hirokazu Koreeda para Netflix después de Makanai (2023), nos muestra una de las numerosas reuniones de los Takezawa, cuyo núcleo está compuesto fundamentalmente por el padre, la madre y sus cuatro hijas, desde el exterior de la casa familiar.
Mediante un plano general, el autor de Un asunto de familia (2018) introduce dos recursos fílmicos que serán clave para desentrañar el funcionamiento de esta adaptación anti-telenovelesca de la popular novela homónima que Kuniko Mukoda publicó en 1979 y que ya tuvo, el mismo año de su aparición, una primera versión teleserial, amén de otra en forma de largometraje dirigida en 2003 por Yoshimitsu Morita.
Como es habitual en la obra de Koreeda, su estilo expositivo evitará en todo momento que sus personajes sean objeto de cualquier juicio moral
Esos dos elementos, decíamos, son la distancia y el reencuadre. El alejamiento de la cámara, en esa secuencia concreta pero también en otros momentos decisivos del relato, permite a Koreeda despresurizar una historia que, de servirse de otras formas, perecería víctima de un exacerbado sentimentalismo. El director japonés se apoya en la delicada fotografía de Mikiya Takimoto y en un suave sentido del humor para anular los registros melodramáticos de una trama en la que habrá embarazos inesperados, bodas accidentadas, tragedias hospitalarias, épica pugilística, intentos de suicidio y niños desamparados, cuyas imágenes apenas se sobrecargan en momentos puntuales a causa del uso excesivo de la, por otra parte, hermosa música compuesta por Tsukasa Inoue, Hidehiro Kawai y Ryô Kishimoto.
En lo referente al reencuadre, la decisión formal adoptada sirve para desmontar el concepto de reunión familiar, pues la ventana que enmarca al grupo y que lo divide en dos nos advierte de la ruptura de una felicidad solo aparente. Pero, ¿qué es lo que lleva a Koreeda a cerrar así el primer episodio? ¿Qué ha sucedido hasta entonces?

Machiko Ono es Makiko en ‘Asura’.
La explosión que descompone el núcleo familiar la detona Takiko (Yu Aoi), retraída bibliotecaria y tercera de las cuatro hijas del matrimonio, en el momento en el que encarga a un investigador privado del que se terminará enamorando, el tímido y un tanto torpe pero siempre gentil Katsumata (Ryuhei Matsuda), que descubra si el señor Takezawa (Jun Kunimura) le es infiel a su madre. Las indagaciones no solo desvelarán que el cabeza de familia tiene una amante, sino que está inmerso en una relación longeva con niño incluido.
El pecado paternal impactará de manera directa y diversa en las cuatro hijas, el adulterio como resorte que disparará una traca de inseguridades que, ulteriormente, pasan por mantener la ficticia tensión del sostén familiar o hacer frente a las consecuencias del secreto revelado. Eso sí, como es habitual en la obra de Koreeda, su estilo expositivo evitará en todo momento que sus personajes sean objeto de cualquier juicio moral.
Sea como fuere, la cuestión adultera y las reacciones que suscita en una sociedad conservadora y tradicional, perfectamente representada por mamá Takezawa (Keiko Matsuzaka), obligan bien a ignorar el problema y garantizar la estabilidad, bien a abrir la caja de los truenos y hacer pública la existencia de una práctica tan secreta como común. Tan común que cada una de ellas la vive en sus carnes. Veamos.
A partir de pequeños dilemas morales que la historia va abriendo, el director se entregará a un pormenorizado retrato de las cuatro hermanas y a los vaivenes de la ciclotímica relación que las une
Tsunako (Rie Myazawa), la primogénita, viuda y con un hijo ya adulto, trabaja como arreglista floral y mantiene una aventura de larga duración con un hombre casado. Makiko (Machiko Ono), la segunda hija, es una mujer casada y con dos hijos que cumple con su papel asistencial y que sospecha que Takao (Masahiro Motoki), su esposo, tiene un affaire con otra mujer, probablemente su secretaria.
Sakiko (Suzu Hirose), la hermana pequeña, es una joven rebelde y un tanto impulsiva que terminará casándose con su novio boxeador y aspirante a campeón de un peso ínfimo, habida cuenta de su escueta complexión física. La menor de las Takezawa decidirá casarse justo después de pillar al púgil cometiendo una doble infidelidad: sexual de un lado y dietética del otro, pues ambos seguían un régimen estricto antes de un combate decisivo para el futuro de ambos, él por necesidad, ella por solidaridad.

Las cuatro hermanas de ‘Asura’: Tsunako, Makiko, Takiko, and Sakiko
Las cuatro hermanas forman parte de distintas generaciones, otra constante en el cine de Koreeda, y sus tensiones para con el asunto que les concierne puntuarán el desarrollo del relato. Es importante, a su vez, llamar la atención sobre el respeto contextual. En ningún momento se pretende actualizar la moral o la psicología de unas mujeres que viven en el Japón de 1979. Estas siempre se comportan de acuerdo con las pautas propias de la época y del sector etario al que pertenecen, sin que ello suponga desatender las contradicciones que cada una de ellas experimenta.
Es decir, Takiko, por ejemplo, querrá transmitirle a su madre las delicadas averiguaciones que acaba de hacer y que ella obre en consecuencia y deje a su padre, castigándole por su orpobiosa conducta. Sin embargo, Makiko, más apegada a los valores tradicionales y tutelada por un marido que luce la insignia del paternalismo como si fuese una condecoración militar, será partidaria de preservar el secreto, porque total, a estas edades, lo mejor es que sus padres terminen sus vidas en paz.
A partir de esos pequeños dilemas morales que la historia va abriendo, el director de Nuestra hermana pequeña (2015) se entregará a un pormenorizado retrato de las cuatro hermanas y a los vaivenes de la ciclotímica relación que las une.
La detallada descripción de los usos y costumbres del Japón de 1979 se observa en la prolija vertiente gastronómica de la serie y pone en evidencia todo un catálogo de clichés asociados a lo femenino que no son más que la consecuencia de la mirada masculina
Pese a las desavenencias entre ellas, Koreeda suele filmarlas juntas, como si fuesen un bloque unitario, hasta que los hombres entran en escena y descomponen el cuadro. Ni que decir tiene que, desde la puesta en escena, se insiste en una evidente división social en la que las esferas de lo femenino y lo masculino rara vez se superponen, basta ver cómo filma a la familia durante el entierro de la madre (capítulo 3) o la secuencia final en la casa paterna en la que los dos bloques vuelven a aparecer separados.
La detallada descripción de los usos y costumbres del Japón de 1979 se observa, sobre todo pero no únicamente, en la prolija vertiente gastronómica de la serie (de nuevo la mujer adscrita a las tareas hogareñas) y pone en evidencia todo un catálogo de clichés asociados a lo femenino que no son más que la consecuencia de la mirada masculina que ha delimitado el lugar que deben ocupar en el mundo.
Nótese aquí que la novedosa toma de posición de Koreeda, aquí lo femenino no es subsidiario de los masculino como en la mayoría de sus películas, influye decisivamente en la percepción que tenemos de los acontecimientos. Desde el momento en que el punto de vista que guía la historia corresponde a las hermanas, las miradas masculinas exteriores (el padre, Takao, el boxeador) quedan desarticuladas, independientemente de cómo reaccionen las protagonistas. Sin necesidad de que ninguna de ellas se aliste en el ejército del feminismo –repetimos, algo impropio de ese periodo– esos sutiles mecanismos masculinos de control económico, cultural, sentimental y social se nos muestran sin recurrir a subrayado alguno y, lo más importante, sin traicionar la idiosincrasia de los personajes para transmitir un mensaje.

‘Asura‘ está disponible en Netflix.
Koreeda logra todo eso ofreciéndonos una clase magistral de narrativa y estética que intentaremos resumir refiriendo algunos pasajes que remiten a secuencias concretas:
- La utilización de un objeto compartido, en este caso las gafas, para marcar el acercamiento romántico entre Takiko y Matsumata (episodio 2)
- La muerte de la madre, suceso que abre en dos el relato y que queda enterrada bajo una dolorosa elipsis que viene precedida de apenas tres planos: un llanto detrás de las cortinas de una habitación de hospital, una toma exterior nocturna de la casa familiar con un cuchillo sobre la mesa del patio; espacio en el que la madre y las hijas cocinan; y la imagen del cementerio (episodio 3). Otra señal que nos ayuda a entender cómo Koreeda desactiva el potencial ‘culebronesco’ de la historia que tiene entre manos: después de la tensa secuencia en el hospital entre Makiko y su padre, lejos de insistir en el drama, ‘corta’ una secuencia potencialmente lacrimógena para, en cambio, hacernos notar el peso del paso del tiempo.
Hay un primoroso trabajo de descomposición del espacio que Koreeda hace a lo largo de los capítulos […] que le permiten practicar saltos de eje sin que ello ponga en jaque el seguimiento de la historia
- La secuencia final del cuarto episodio, con Matsumata situado en el exterior de la casa de Takiko, que no quiere dejarle entrar porque teme acostarse con él, teme el rechazo, ahogada como anda a causa de una baja autoestima y complejos físicos. Él se quedara fuera, su figura difuminada por el cristal esmerilado, ella le ofrecerá, a través de hendidura en la puerta semiabierta, su mano, que Matsumata acariciará. Takiko estará de espaldas. No se miran, solo hablan. Un suave travelling de acercamiento irá cerrando el encuadre hasta que se despidan, el marco de la puerta ejerciendo a su vez de línea divisoria entre ambos, incapaces todavía de rubricar un amor que parece destinado al fracaso. Toda la evolución de ese romance está filmada con una sutileza asombrosa.
- La utilización de la puerta de la casa de Tsunako para marcar la división entre ella y Makiko, que ha tratado de buscarle pareja para que deje de una vez por todas a su amante, lo que finalmente termina provocando que Tsunako regrese a su casa y se refugie en brazos del hombre (casado) al que quiere. Koreeda partirá, primero, el encuadre en dos para evidenciar esa separación entre ambas y, después, mediante un salto de eje, dará cuenta del cambio que experimenta Tsunako, que pasa de ser alguien reprendido por su hermana, a experimentar un breve de autoafirmación (episodio sexto). Nótese el primoroso trabajo de descomposición del espacio que Koreeda hace a lo largo de los siete capítulos, especialmente en los interiores de esos hogares minúsculos y estrechos que le permiten, en bastantes ocasiones, practicar saltos de eje sin que ello ponga en jaque ni la mirada del espectador ni el seguimiento de la historia.

‘Asura’ es la adaptación de la popular novela homónima que Kuniko Mukoda.
- El encuentro entre Makiko y la secretaria de su marido, que se presenta en casa para anunciarle su inminente casamiento y para decirle que si Takao tiene un lío de faldas, no es con ella. En el momento clave de esa conversación que tiene lugar en la cocina, cuando la asistente le dice a la contrariada esposa que lo que debe hacer es preguntarle directamente a su marido, Koreeda trazará un suave movimiento de cámara que deshará la división del plano en dos, fijada por uno de los pilares de la estancia, y que servía para establecer la oposición entre las dos mujeres, para dejar sola a Makiko en el extremo derecho del encuadre e indicar que la responsabilidad sobre el futuro de su matrimonio recae única y exclusivamente en ella (episodio 7).
- Si el primer capítulo terminaba con ese plano general con reencuadre que determinada la ruptura de la apacibilidad familiar, en el episodio final, el director de De tal padre, tal hijo (2013) volverá a emplear este doble recurso, esta vez invirtiendo el emplazamiento de cámara, para registrar la despedida entre el señor Takezawa y su antigua amante. Desde el interior de un restaurante observaremos como el septuagenario le dice adiós para siempre a la que fuera su otra mujer y, por extensión, a ese niño compartido que le llama papá. No oiremos nada, solo les veremos en el exterior, reencudrados por esa ventana que parte su encuentro final y que ya nos advierte del triste final de esa historia.
Todo eso y mucho más encontrarán en Asura. Véanla.