Crítica “Ladrones de drogas” (Apple TV+): I Started a Joke
Crítica de la serie

‘Ladrones de drogas’: I Started a Joke

26 marzo 2025
Apple TV+ sube a su programación 'Ladrones de drogas', donde se explican los tejemanejes de dos colegas, Manny y Ray, que, haciéndose pasar por agentes de la DEA, roban a pequeños narcotraficantes, y su caída en desgracia después de un golpe a los delegados de una poderosa red.

Fotograma de 'Ladrones de drogas'.

Which started the whole world crying

Peter Craig, uno de los guionistas de The Batman (Matt Reeves, 2022) y Top Gun: Maverick (Joseph Kosinski, 2022), se ocupa del paso al formato serie del libro de Dennis Tafoya “Dope Thief”. Trocea el texto original en ocho capítulos de aproximadamente cincuenta minutos y concentra, al menos en los tramos más notables, el afecto en el inventario de la amistad de los protagonistas y, en especial, en el monitoreo del avance, personal y criminal, de Manny en un relato de caída de un castillo de naipes.

En efecto, Ladrones de drogas formula su actitud urbana-maleante conforme a un esquema clásico del género policiaco, el desplome de una actividad modesta ilegal después de un crudo encuentro con los manejadores importantes del mercado. Aun así, Craig ofrece algunas alteraciones estimulantes del trabajo previo de Tafoya, como esa decisión de situar la exposición en la Filadelfia de comienzos de 2021, es decir, en la escena todavía controlada, de un modo u otro, por la COVID-19. Esta solución creativa es estimulante por cuanto hace posible la introducción de un inquietante elemento forastero en la categoría de policía, que, además, contribuye a sugerir una lectura tóxica de letras e imágenes características.

El sistema de secuencias posee y transmite una energía intensa que, unida a la ensuciada luz plasmada, acierta en la descripción del ánimo de los bajos fondos de la ciudad de Pensilvania

Por otro lado, Ridley Scott, con la realización del primer corte, siguiendo las formulaciones ilustrativas aprobadas en las reuniones de creación, determina el alterado cuerpo formal del conjunto, poniendo a prueba la energía de las movidas de cámara, la conexión de las figuras con el entorno, la celeridad desenfrenada de los diálogos y los acuerdos emocionales pensados en montaje. En esencia, el cineasta, de acuerdo con un patrón tradicional, ensaya diferentes competencias efectivas, a modo de patrono o mentor apreciado, para la posterior aplicación en el set por los realizadores Marcela Said, Jonathan van Tulleken, Tanya Hamilton y el propio Craig.

Ladrones de drogas

Brian Tyree Henry y Wagner Moura protagonizan ‘Ladrones de drogas’.

But I didn’t see that the joke was on me

De esta forma, Jolly Ranchers, el primer capítulo, muestra, inequívocamente y enseguida, las más sólidas afirmaciones del grupo, pero también las insuficiencias y las sofocaciones de distinta envergadura. Empecemos por los triunfos. Es cierto, el crecimiento del sistema de secuencias posee y transmite una energía intensa que, unida a la ensuciada luz plasmada, acierta en la descripción del ánimo de los bajos fondos de la ciudad de Pensilvania. Esta electricidad especial garantiza la progresión en paralelo de la visión sociológica y de género en la imagen.

Así, por una parte corren bien los planes de reajuste de las configuraciones típicas de un cierto texto de delincuencias, y, por otra, la redacción de la problemática de clase y desamparo institucional inconfundible. Sobre esto, las pasajeras tomas de los barrios manchados de basura y la contemplación de los aturdidos desplazamientos anónimos precisan un enfoque crítico de gran valor. A partir de la sutileza de una observación entre líneas se asoman algunas rayas sociales no por habituales en muchos productos semejantes menos apreciables y provechosas en el resultado global. Ahora bien, lo que sucede con este tacto analítico de la cámara es que parece desaprovechar la evidente oportunidad de profundizar de verdad en todo lo sugerido, comenzando por la deliberada intención de trasladar la acción a un tiempo tan específico como el de la pandemia. Acá nos topamos con una auténtica desilusión.

La mala gestión del tiempo ocasiona que la serie redunde y divague alrededor de un puñado de temas y planos, y descuide el progreso de figuras relevantes

En teoría, Ladrones de drogas construye sus argumentos cercada por la COVID-19, pero, en la práctica, su peso genuino se limita a la efímera aparición en unas tomas de personajes con mascarilla y a la alusión superficial al asunto. Entonces desaparecen las alternativas simbólicas-sociales esbozadas, en parte, más arriba. ¿así pues, por qué perturbar la línea de tiempo inicial y ubicar la producción en un momento tan específico si finalmente todo esto queda reducido a una inocua nota al píe de página?

Sospecho que por la misma razón que explica los numerosos vacíos del conjunto. La mala gestión del tiempo por parte de los administradores ocasiona que, a pesar de contar con ocho capítulos, la serie redunde y divague alrededor de un puñado de temas y planos, entre ellos las sombras del pasado de Manny o las ideas y venidas por los diferentes sets, y descuide el progreso de figuras relevantes, concretamente esa agente infiltrada y herida en el golpe desafortunado.

Ladrones de drogas

La serie es una adaptación del libro de Dennis Tafoya “Dope Thief.

Mina, el personaje de Marin Ireland, interviene en todos los apartados, con mayor o menor profundidad, y, con todo, no consigue rebasar, casi en ningún momento, una entidad abstracta definida en sus primeras participaciones. No es una mala idea, claro que no, que este personaje convertido en una sombra, metafórica y materialmente, se escurra, a la manera de un fantasma, por los cuadros del relato, mientras este trata de evolucionar. El problema es que esto es un accidente, creo, y no una voluntad razonada.

La serie se ocupa de bastantes asuntos, quizá de demasiados […] el más emocionante y significativo es, precisamente, el primero revelado por la cámara de Scott:  la amistad de Manny y Ray

Lo mismo sucede con una parte del perfeccionamiento del cuadro íntimo de Manny. En su capítulo, Scott plantea con el montaje una idea, o, mejor dicho, un juego de imágenes, de ilusionismo. Es elemental, como prueba su diferenciación con el uso de blanco y negro o color, pero, a su modo, eficaz. El protagonista se pierde en ocasiones en sus recuerdos y, a continuación, llega a crearse una frágil dimensión paralela, donde puede interactuar con personalidades y entornos pretéritos. Esto proporciona una emocionante indeterminación a un conjunto, sobre todo, realista. Lamentablemente, esta emisión de abstracciones pronto pierde misterio con la aplicación tenaz de parte del resto de directores.

I started to cry

Con todo, Ladrones de drogas es una serie extraña en su formato. Me explico. Después del capítulo quinto, Fear of God, inicia su auténtico empeoramiento por la congestión generada con las vacilaciones, las duplicaciones y el apilado continuado de nuevas tramas. Conducimos, asimismo, hacia una culminación argumental hinchada y un tanto rocambolesca. A pesar de esto, el sexto y el séptimo episodio, Love Song from Mars y Mussolini, insertan en sus tramos finales unos vigorosos estallidos de violencia, los más rudos del total, con una onda expansiva impulsora, o compañera, de unos trastornos emocionantes y también de la trágica resolución de uno de los conductos argumentales centrales. De repente, en estos dos títulos, un incontrolado aguacero de agresión arremete contra una imagen siempre tensa pero sostenida y la destruye, untando, además, diferentes platós con sangre y pánico.

La serie de Peter Craig se ocupa de bastantes asuntos, quizá de demasiados. De todos modos, lo escribía antes, el más emocionante y significativo es, precisamente, el primero revelado por la cámara de Scott, o sea, la amistad de Manny y Ray. Este es el genuino lugar central. De una forma u otra, luego, todo surge de ahí, incluso unas variaciones, más o menos cruciales, que, por lo demás, no hacen desaparecer la trascendencia del punto de partida.

Ladrones de drogas

‘Ladrones de drogas’ está disponible en Apple TV+.

Estos embaucadores de Filadelfia están bien identificados sobre el papel y acertadamente señalados por las cámaras del espacio. De todas maneras, es la brillante labor de los actores Brian Tyree Henry y Wagner Moura, en particular la de este, por la cual nos conmovemos, de veras, y los acompañamos en la accidentada aventura producida con el asalto descrito al final del capítulo de presentación. El primer intérprete inventa su personaje por la extroversión vociferante. El semblante histrión resplandeciente tapa una bonita e inesperada tendencia hacia el sentimentalismo.

Manny y Ray son una puesta al día natural de los perdedores de la narrativa negra pasada […] una hermosa mirada a un futuro inestable de compañerismo

De hecho, el cuadro más esclarecedor propuesto de este hombre lo muestra en su casa, absorto, tragado por los recuerdos y los temores, escuchando a los Bee Gees cantando I Started a Joke, al principio. La canción de 1968 vuelve a sonar en el séptimo capítulo en un momento especialmente desgraciado y definitivo. La resolución de emplearla ahí hace constar su profunda repercusión en la obra. Se trata, por supuesto, de una extravagante síntesis artística y moral de los dos protagonistas. Sí, dos, no me olvido de Moura y su alucinante creación opuesta, introvertida, preparada en virtud de una fragilidad patética y el susto duradero.

Manny y Ray son una puesta al día natural de los perdedores de la narrativa negra pasada y también, a su manera, el aspecto del siglo XXI de los viejos Laurel & Hardy o Abbott & Costello. No es un antojo la referencia a estas parejas lejanas de la imagen humorística en movimiento. A escondidas, mientras identifica su texto policiaco, Ladrones de drogas llama a sus figuras a constituir o extender sobre el tablero asociaciones afectivas entrañables conforme al modelo de parejas antagónicas. Hay varios ejemplos de todo esto, más o menos acabados, repartidos por los capítulos, representados por Manny y sus padres o Mina y su compañero. La secuencia final, un epílogo de descanso después del estruendo, demuestra el alcance del dibujo de la figura de la dupla. Aquí nacen nuevas complicidades y sentimientos. O, al menos, se delinean. Es una hermosa mirada a un futuro inestable de compañerismo.

en .

This site is registered on wpml.org as a development site. Switch to a production site key to remove this banner.