Crítica ‘Infiel’ (Filmin): Bergman para dummies
Crítica de la serie

‘Infiel’: Bergman para dummies

11 abril 2025
Basada en un guion de Ingmar Bergman, que más tarde Liv Ullmann adaptó para su versión cinematográfica, Tomas Alfredson ('Déjame entrar', 'El topo') repasa las aventuras y desventuras amorosas de un director de cine y una actriz durante más de 40 años en esta nueva adaptación de 'Infiel' que estrena Filmin.

Imagen promocional de 'Infiel'.

Cuando en el año 2000 la actriz Liv Ullmann adaptó Infiel, un guion escrito por Ingmar Bergman, alguien con el que había trabajado en numerosas ocasiones y con quien compartió una tortuosa relación y una hija, lo hizo haciéndose eco de la sensibilidad y de la hondura del director sueco sin renunciar a añadir ciertos aportes personales.

Durante la presentación de la película en Cannes, Ullmann declaró que Bergman fue incapaz de rodar su propio material, por lo demás basado en un episodio de juventud, porque “necesitaba una visión femenina del asunto”.[i] En aquella obra cumbre del cambio de siglo, al menos para quien esto firma, el fantasma de Marianne (Lena Endre) se presentaba ante un viejo escritor apellidado Bergman (Erland Josephson) para contarle su historia de amor y traición con David (Krister Henriksson), un director teatral, a su vez el mejor amigo de su marido Markus (Thomas Hanson).

El arranque de la película ‘Infiel’ de Liv Ullman contiene más soluciones ingeniosas de puesta en escena que la nueva adaptación en forma de miniserie 

La gran damnificada de aquel romance a tres bandas fue Isabelle (Michelle Gylemo), la pequeña hija del matrimonio, inevitablemente marcada por un funesto desenlace en el que se entrecruzaban celos, culpa, remordimiento, vejaciones y, en última instancia, el suicidio. La importancia de la niña fue, sin duda, una de las grandes aportaciones de Ullmann a la historia.

De hecho, la directora señalaba que en el guion de Bergman no se prestaba atención a la presencia y el dolor de la niña que está atrapada en el juego de infidelidad que juegan los adultos. Ingmar (Bergman) nunca pudo advertir ni la existencia ni el daño que se le hacía a esa criatura. En el guion, la niña estaba allí como una referencia, pero el espectador no la veía; simplemente era un componente más del relato. Cuando vio la importancia que yo le había dado a la niña en la película, Ingmar (Berman) me dijo: «Dios mío, nunca había visto esa cara del problema». [ii]

Infiel

Erland Josephson y Lena Endre en ‘Infiel’ (2000) de Liv Ullman.

En la segunda secuencia de aquella Infiel que hoy cumple su veinticinco aniversario, el guionista Bergman, no por casualidad interpretado por Erland Josephson, otro actor fetiche del cineasta sueco y protagonista de Secretos de un matrimonio (1975), mira, primero, las fotos de un niña (luego sabremos que es Isabelle).

Acto seguido, sobre un plano de su espalda, emerge la voz de Marianne (¿le estará mirando? ¿será un plano subjetivo?) quien le pide que la describa antes de mostrarse. Mientras Bergman procede –“tienes 40 años, eres actriz, estás casada con un famoso director de orquesta”– la cámara cambia de emplazamiento y se sitúa frente al escritor; detrás de él veremos que hay un proyector.

Es como si sus creadores quisiesen desmarcarse de la primera adaptación de un modo violento y para ello se hubiesen apoderado de esos clichés que penden como una espada de Damocles sobre la televisión.

Bergman sigue respondiendo a las preguntas de Marianne, se inicia un breve travelling de retroceso en ligero escorzo, y ella empezará a aparecer detrás del guionista, una sombra que emerge desde el lado del proyector. Después, y mediante cuatro cortes de edición, Ullmann colocará al fantasma de Marianne frente a Bergman para que le cuente su historia (plano de espaldas del guionista – plano del sofá vacío junto a la ventana- plano del rostro de Bergman – plano del sofá con Marianne sentada).

Bergman sigue respondiendo a las preguntas de Marianne, se inicia un breve travelling de retroceso en ligero escorzo, y ella empezará a aparecer detrás del guionista, una sombra que emerge desde el lado del proyector. Después, y mediante cuatro cortes de edición, Ullmann colocará al fantasma de Marianne frente a Bergman para que le cuente su historia (plano de espaldas del guionista –plano del sofá vacío junto a la ventana- plano del rostro de Bergman– plano del sofá con Marianne sentada). 

Ese arranque contiene más soluciones ingeniosas de puesta en escena que la nueva adaptación en forma de miniserie de seis episodios que el director Tomas Alfredson (Déjame entrar, El topo) y la guionista Sarah Johnsen (22 de julio) han hecho del libreto de Bergman y que Filmin estrenó el pasado 8 de abril.

Infiel

Frida Gustavsson y Gustav Lindh son Marianne y David en ‘Infiel’.

Ullmann abre un inmenso espacio para el espectador y le obliga a pensar, entre otras cosas, sobre conceptos como la memoria como representación (¿es casual que Marianne se nos presente asociada al cine y a la fotografía?). O a desentrañar la relación que un escritor apellidado Bergman, que posee fotos de los protagonistas, tiene con aquello que se cuenta. O a trazar relaciones entre lo que Infiel propone y otras películas del maestro sueco, con Josephson como protagonista, disponen.

Ullmann nos invita, si así lo deseamos, a realizar una aproximación múltiple a su propuesta: intertextual, biográfica y, por encima de todo, estética. Ahí está la profusa utilización de la doble voice over que sobrevuela el relato pero que jamás se solapa con las imágenes o el prodigioso trabajo de sostenimiento de los primeros planos – por otra parte tan bergmaniano- que nos permite, por ejemplo, observar como Marianne se transforma a medida que le cuenta a David su último encuentro con Markus para discutir sobre la custodia de su hija. 

Los 270 minutos de esta teleserie producida por la SVT sueca –el largometraje se iba a los 155– únicamente aportan espesor dramático, que no profundidad.

Las opciones asumidas por Alfredson y Johnsen son, precisamente, las opuestas. Es como si quisiesen desmarcarse de la primera adaptación de un modo violento y para ello se hubiesen apoderado de esos clichés que penden como una espada de Damocles sobre la televisión: sobreexplicación, énfasis, alargamiento, …

En primer lugar, se elimina al guionista de la función, mientras que Marianne, lejos de ser un fantasma, es una mujer de 75 años que sigue viva, aunque no parece tener mucho interés en permanecer en este mundo. Le encarna, además, la misma Lena Endre.

Esos dos cambios son fundamentales para entender la propuesta. De un lado, se le sustrae al material original todo el poder de sugerencia que se colegía del encuentro entre un escritor y un fantasma. Del otro lado, la existencia de Marianne hace que el relato se fracture tomando la forma de una narración a dos tiempos que va intercalándose de una manera harto mecánica. Así, un presente en el que los viejos David (Jesper Christenesen) y Marianne se reencuentran en un momento delicado, especialmente para ella, se entrevera con la historia de amor y traición que protagonizaron 40 años antes.

Infiel

‘Infiel’ está disponible al completo en Filmin.

No es que la película de Ullmann no articulase esa estructura binaria, si no que lo hacía aplicando un modelo distinto: el presente de Marianne-Bergman se conjugaba en el terreno de lo simbólico, mientras que en la nueva versión solo es una adenda narrativa más a propósito de los rescoldos del amor en la senectud.

Si nos ceñimos al apartado visual, el director de Déjame entrar parece haber desandando el camino de la sutileza para abogar, aquí y ahora, por la más absoluta literalidad

Por lo demás, los 270 minutos de esta teleserie producida por la SVT sueca –el largometraje se iba a los 155– únicamente aportan espesor dramático, que no profundidad. La nueva Infiel insiste en lo ciclotímico de la relación adultera entre Marianne (Frida Gustavsson) y David (Gustav Lindh), se demora en la exploración de esa tensión sexual no resuelta entre ambos, merodea por entre sus convergencias profesionales (el estreno de la película ‘Susanna’, el montaje teatral de ‘La señorita Julia’) que derivan en aproximaciones eróticas y, sobre todo, trata de describir de manera más pormenorizada al personaje de Isabelle y su relación con David, que oscila entre el cariño, la fascinación y la atracción. Quizá ese sea el mayor aporte a nivel narrativo de la serie, llenar de matices ese vínculo. Lástima que, en el capítulo final, Alfredson y Johnsen pongan en boca del viejo David lo que Ullmann solo decía en las entrevistas porque su película lo explicaba por sí sola (vean las segundas declaraciones arriba citadas). De nuevo, la mala televisión.

Si nos ceñimos al apartado visual, el director de Déjame entrar parece haber desandando el camino de la sutileza para abogar, aquí y ahora, por la más absoluta literalidad. Nótese que Alfredson guardaba este proyecto en el cajón desde hace 20 años, ya que, con Bergman en vida y pese a tener su visto bueno, se vio incapaz de realizarlo tal y como él mismo explica en el dossier de prensa promocional de la serie: “En nuestra primera conversación, (Bergman) me aseguró que no tenía intención de interferir de ninguna manera. Había visto algunas cosas que había hecho, que le agradaban mucho, y tenía plena confianza en que podría llevar a cabo la tarea. Pero ya en nuestra tercera conversación, comenzó a preguntar quién sería el director de fotografía, quién interpretaría los papeles principales, qué compañía lo produciría, qué lugares de filmación serían los más adecuados, y de qué color deberían ser las cortinas en la escena 43″.

Infiel

Jesper Christensen y Lena Endre son las versiones maduras Marianne y David en ‘Infiel’.

Lo que en la película se omite, aquí se muestra, tal y como sucede con el clímax ya antes mencionado. Se abusa hasta el empacho de la música ilustrativa Hans Ek, tanto que uno cree estar frente a un melodrama trágico romántico en las antípodas de la desgarradora contención del cine de Bergman y de la película de Ullmann.

Como si los creadores pensasen que la película de Ullmann era ‘aburrida’ ahora han decidido firmar una versión más accesible y mucho menos compleja

Otro tanto sucede con el vistoso tratamiento del color, o con la proximidad de la cámara con respecto a los cuerpos, hasta el punto de que nos permite captar casi cualquier suspiro, una cercanía que, sin embargo, se ve abortada por un uso del montaje que no nos deja ver cómo los personajes experimentan las terribles consecuencias que se derivan de sus decisiones. De la poética del rostro del director de Gritos y susurros (1972) no queda nada. Dejaremos a un lado el erotismo de baja intensidad, los fallidos juegos metalingüísticos o un casting poco inspirado. Todo lo que antes (o en el cine de Bergman en general) era connotativo, aquí es denotativo.

En realidad, esta nueva Infiel queda resumida en un pasaje del capítulo primero. En él, Marianne  lee el guion del próximo proyecto de David. Cuando este observa que ella no parece estar contenta con el resultado le pregunta, enfadado, si le resulta aburrido. Poco después, el director dejará de lado esa historia para adaptar un libro que Marianne le presta, por lo demás una novela erótica escrita por una mujer. Como si Alfredson y Johnsen pensasen que la película de Ullmann era ‘aburrida’ ahora han decidido, como David, firmar una versión más accesible, mucho menos compleja, un Bergman para dummies.

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[i]    https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/liv-ullmannbr-confesiones-de-un-genio-nid17657/

[ii]          https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/liv-ullmannbr-confesiones-de-un-genio-nid17657/

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