Crítica 'Dying for sex' (Disney+): un orgasmo para la eternidad
Crítica de la serie

‘Dying for sex’: un orgasmo para la eternidad

23 abril 2025
Unas superlativas Michelle Williams y Jenny Slate protagonizan este emocionante, desternillante y conmovedor viaje por el amor, el sexo y la muerte. Basada en la historia real de Molly Kochan y Nikki Boyer, que convirtieron en exitoso podcast la experiencia de la primera, 'Dying for Sex' nos cuenta cómo un cáncer terminal puede ser una puerta abierta a cumplir todas aquellas fantasías sexuales coartadas durante años. Una serie con la que os troncharéis de risa y lloraréis como magdalenas. 

Nos hemos hartado de leer que Dying for Sex es la crónica erótico-festiva de una mujer que, a las puertas de la muerte por un cáncer con metástasis, decide quitarse las ataduras, plantar cara a sus traumas y, experimentando hasta el infinito, follar todo lo que no ha follado mientras el tiempo no se le echaba encima, a la caza de un orgasmo esquivo desde que tiene memoria. Y así es, pero no solamente: porque una vez vistos, carcajeados y llorados, los ocho episodios de esta serie, podríamos afirmar que Dying for Sex es igualmente la historia del sacrificio de otra mujer que lo deja todo, absolutamente todo, para acompañar a su mejor amiga en cada minuto, polvos aparte, de la recta final de su tránsito por la vida.

En la hermosa relación entre la enferma terminal y su hermana no-sanguínea se sustenta toda la fuerza de esta insólita mirada a la muerte sin esconder la cabeza, de frente, cara a cara

“No sabía que se podía querer tanto a alguien”, escucharemos decir en el último capítulo de una serie sin spoilers, porque es importante no fantasear con curaciones imposibles por mucho que nos hayamos encariñado de la una, la paciente ansiosa de conocer sus límites sexuales, y de la otra, la colega locuela y excéntrica que ama con la fuerza de los mares y el ímpetu del viento. “No sabía que se podía querer tanto a alguien”, y ahí está la clave de lo que es un relato sobre la amistad más profunda, sobre los poderosos vínculos con la familia que elegimos.

Dying for sex

Michelle Williams y Jenny Slate son Molly y Nikki en ‘Dying for sex’.

En la hermosa relación entre Molly y Nikki, entre la enferma terminal y su hermana no-sanguínea, se sustenta toda la fuerza de esta insólita mirada a la muerte sin esconder la cabeza, de frente, cara a cara. En otro momento relevante de la miniserie que acaba de estrenar Disney+, la enfermera dedicada a los cuidados paliativos informa con un chocante entusiasmo (“perdonad, me lo suelen decir”) sobre cada uno de los últimos pasos del cuerpo humano cuando se acerca el fatal desenlace. Es relevante porque resume muy bien el desatado sentido del humor que acompaña el doloroso camino al otro barrio de la protagonista.

Y no es que Dying for Sex desdramatice el drama ni pretenda darle esquinazo a la tristeza, no es que frivolice ni se ría de la muerte. Porque en el calvario de Molly hay sufrimiento, y en el de Nikki también. Porque el entorno de ambas sufre, y el espectador sufre de igual modo. Pero en la risa está la aceptación de lo inevitable, y en la exploración de las fantasías coartadas durante años está la conciencia del, no por sobado menos valiente, carpe diem. 

Reflexiona sobre la necesidad de intimidad y ternura, y nos acerca a la realidad de la enfermedad, a la burocracia y los reveses de un sistema sanitario injusto

Basada en las experiencias reales de Molly Kochan y Nikki Boyer, que convirtieron en podcast el viaje de autoconocimiento de ambas, cada una en su propio marco y en sus propias circunstancias, Dying for Sex habla de la muerte como herramienta de liberación, del deseo cohibido y también de las cadenas de una experiencia traumática del pasado. Reflexiona sobre la necesidad de intimidad y ternura. Nos acerca a la realidad de la enfermedad, a la burocracia y los reveses de un sistema sanitario injusto (y hasta patriarcal), a las salas de eterna espera, y a la violencia de los tratamientos y diagnósticos.

Dying for sex

‘Dying for sex’ está disponible en Disney +.

Y pone el foco en el batiburrillo de emociones que pueden desatarse ante la proximidad del adiós definitivo: con la eterna complicidad de Nikki, Molly se burla de su destino, en terapia, intubada o, incluso, en su último estertor. Pero eso no significa que ninguna de las dos aparte el miedo, la ira o la pena. Dying for Sex brilla en ese equilibro constante entre la risa desacomplejada y el llanto desconsolado. Y, por supuesto, deslumbra en la preciosa y efervescente química entre Michelle Williams y Jenny Slate, ambas superlativas, encantadoras, chispeantes, en la piel de las amigas para siempre.

Habrá quién se incomode y puede que se escandalice en el acercamiento a los experimentos sexuales de Molly […] aunque en ello apoye gran parte de la comicidad de la propuesta, no hay juicio alguno en la búsqueda del placer de la protagonista

Igualmente fabulosos son los dibujos de los personajes secundarios: del oncólogo que quizás ha olvidado lo fundamental de la empatía en su profesión (David Rasche, uno de los consejeros de los Roy en Succession) a la asistente social y terapeuta (Esco Jouléy) que rema muy a favor del periplo lúbrico de Molly. De la madre hippy (Sissy Spacek) al vecino con el que consigue una inesperada conexión (Rob Delaney). Todos ellos hacen un trabajo sensacional.

Desinhibidísima, habrá quién se incomode y puede que se escandalice, en el acercamiento a los experimentos sexuales de Molly, en el ensayo/error o cuando canta bingo, la serie no se anda con rodeos ni esconde penes enormes, vibradores y plugs, fiestas sexuales, lluvias doradas y prácticas de dominación/sumisión. Aunque en ello apoye gran parte de la comicidad de la propuesta, no hay juicio alguno en la búsqueda del placer de la protagonista, solo faltaría. Pero esa misma honestidad está en el retrato de los últimos momentos de Molly, los que nos rompen pero también los que nos llenan de emoción ante una de las más bonitas historias de amor vistas en mucho tiempo.

Dying for sex

Sissy Spacek es la madre de Michelle Williams en ‘Dying for sex’.

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